Ir al contenido principal

Entradas

EL FARERO. Cabo de Hornos. Chile.             Desde una torre levantada sobre el último peñasco del mundo, Liberato Espinoza tiene la responsabilidad de farero. Las embarcaciones que navegan entre los oleajes alzados del Cabo de Hornos, miran hacia la costa y ven en las noches el ojo que vigila las distancias y las singladuras como un cíclope amigo. Liberato se encarga de mantener abiertas las esperanzas de los marineros. Mientras viva, la luz se encenderá cada anochecer como la pupila de dios, como la estrella más cierta. Allí, en el último rincón planetario, el farero solamente tiene la caricia embravecida de los vientos y el ruido tumultuoso del mar. Nada más. Dejó atrás, hace cincuenta años, las moleduras de la ciudad, el parloteo de las gentes, las informaciones de los crímenes, las compras de la feria. Una barcaza le lleva cada seis meses lo que necesita para mantenerse en pie y para mantener la luz. Desde su sole...
LAS COMIDAS.   Beijing. China. Viajar por el mundo es probar sabores. Sin duda que lo degustado de niño nos acompañará toda la vida, pero a ese sabor ancestral le vamos añadiendo experiencias que nos hacen universales. Cada rincón del mundo le va poniendo nombre a sus platos favoritos. Puede ser que se parezcan en los ingredientes pero cada preparación se convierte en desafío nacional. La misma milanesa (un trozo delgado de carne apanada) es muy diversa en su confección y su presentación y acompañamiento. En Tailandia se le considera plato nacional, cuando se le acompaña con fideos de arroz, huevo, salsa de tamarindo, con el añadido de pimientos rojos, salsa de pescado, soja tierna, camarones de río, cilantro y jugo suave de frutas cítricas. Allí se le llama Pad Thai. Sin tanto acompañamiento, en Buenos Aires se ha convertido en un plato ciudadano que todo turista debe probar para poder hablar en porteño. Quien no come una milanesa en Buenos Aires no puede degustar la ci...
LA CEGUERA. El tacto suple a los ojos en los humanos y en ciertos caracoles. Quien no percibe los colores del mundo, solo conoce los recovecos y los paisajes mediante la suavidad de una tela, la rugosidad de las paredes, la dureza de un tronco, el sabor de un beso, la caricia de una cabellera. Así el color celeste es como una caricia del viento, el color violeta como la suavidad del terciopelo, el rojo como la pasión de un enamorado, el verde como el correr del agua sobre el cuerpo y el color azul es como el abrazo de un amigo. El blanco se conoce solamente cuando llega el sueño. El negro se percibe siempre. (De libro: "Relatos breves para acariciar la tarde". Pedidos a Editorial Claretiana de Buenos Aires, Argentina: contacto@claretiana.org)
SEMANA SANTA PARA NO CREYENTES. Amiga, amigo, disculpa esta invitación que quizá no te interese. Si es así, dale un clic y lo tiras fuera. Pero si me aceptas el mensaje, será ocasión de   dialogar la amistad que te ofrezco. En primer lugar, hay que precisar algunos conceptos: • Admitir la existencia histórica de un tal Jesús   de Nazaret. No me refiero a escritores cristianos sino a   historiadores o cronistas paganos   como Suetonio, Tácito, Plinio El Joven. También escritores judíos no cristianos como Josefo y Filo Judeo. • Esos escritores   testifican que ese tal Jesús fue un predicador judío   con características de taumaturgo, y que fue considerado por las autoridades como revoltoso, por lo cual fue condenado a muerte. • Los seguidores de ese agitador popular   lo consideraron con carisma y aptitudes sobrehumanas.   De ahí, el paso siguiente, fue considerarlo divino. Lo creyeron viviente, después de haberlo visto muerto m...
TORTUGAS. Galápagos. Ecuador. Las tortugas nacen viejas. Al emerger del huevo para asomarse a este mundo tienen la textura de una mujer de 200 años. Por eso sus ojos de abuela han contemplado el   mundo desde los inicios. Todo lo observan. Todo lo analizan en su   cabeza rugosa que tiene algo de ave y mucho de serpiente. Todo lo piensan en la búsqueda de los tallos más tiernos, porque la vida, que les ha dado techo, abrigo, placidez, armadura, tolerancia, sabiduría y años, no les ha dado dientes. Sobre su caparazón se ha edificado el mundo. En los pueblos del Oriente, allá   donde se termina el mapa, la tortuga, junto   al ave fénix, el rinoceronte y el dragón,   encierra las cuatro cualidades del espíritu: sabiduría, paciencia, experiencia y contemplación. Si la tortuga no hubiera existido, habría que inventarla. Ella enseña a la humanidad cómo avanzar más lejos que las liebres, porque no se trata de correr sino de llegar.