EL FARERO. Cabo de Hornos. Chile. Desde una torre levantada sobre el último peñasco del mundo, Liberato Espinoza tiene la responsabilidad de farero. Las embarcaciones que navegan entre los oleajes alzados del Cabo de Hornos, miran hacia la costa y ven en las noches el ojo que vigila las distancias y las singladuras como un cíclope amigo. Liberato se encarga de mantener abiertas las esperanzas de los marineros. Mientras viva, la luz se encenderá cada anochecer como la pupila de dios, como la estrella más cierta. Allí, en el último rincón planetario, el farero solamente tiene la caricia embravecida de los vientos y el ruido tumultuoso del mar. Nada más. Dejó atrás, hace cincuenta años, las moleduras de la ciudad, el parloteo de las gentes, las informaciones de los crímenes, las compras de la feria. Una barcaza le lleva cada seis meses lo que necesita para mantenerse en pie y para mantener la luz. Desde su sole...