LAS COMIDAS. Beijing. China.
Viajar por el mundo es probar
sabores. Sin duda que lo degustado de niño nos acompañará toda la vida, pero a
ese sabor ancestral le vamos añadiendo experiencias que nos hacen universales.
Cada rincón del mundo le va poniendo
nombre a sus platos favoritos. Puede ser que se parezcan en los ingredientes
pero cada preparación se convierte en desafío nacional. La misma milanesa (un
trozo delgado de carne apanada) es muy diversa en su confección y su
presentación y acompañamiento.
En Tailandia se le considera
plato nacional, cuando se le acompaña con fideos de arroz, huevo, salsa de
tamarindo, con el añadido de pimientos rojos, salsa de pescado, soja tierna,
camarones de río, cilantro y jugo suave de frutas cítricas. Allí se le llama
Pad Thai.
Sin tanto acompañamiento, en
Buenos Aires se ha convertido en un plato ciudadano que todo turista debe
probar para poder hablar en porteño. Quien no come una milanesa en Buenos Aires
no puede degustar la ciudad.
Otra cosa son las “facturitas”
argentinas, sabrosas y oportunas para acompañar el té, el mate o el café, pero
que no pueden competir con el “pastel de luna” de los chinos.
Los orientales han inventado
estas galletas para festejar la fiesta del otoño, cuando se rinde culto a la
luna; llevan un relleno de pasta de semilla
de loto, caramelo, y yemas de huevo de pato.
Se dice que varios que lo han
probado, han acudido después al Ministerio de Extranjería para hacerse
ciudadanos chinos.
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