LA CEGUERA.
El tacto suple a los ojos en los humanos y en ciertos caracoles. Quien no percibe los colores del mundo, solo conoce los recovecos y los paisajes mediante la suavidad de una tela, la rugosidad de las paredes, la dureza de un tronco, el sabor de un beso, la caricia de una cabellera.
Así el color celeste es como una caricia del viento, el color violeta como la suavidad del terciopelo, el rojo como la pasión de un enamorado, el verde como el correr del agua sobre el cuerpo y el color azul es como el abrazo de un amigo.
El blanco se conoce solamente cuando llega el sueño.
El negro se percibe siempre.
(De libro: "Relatos breves para acariciar la tarde". Pedidos a Editorial Claretiana de Buenos Aires, Argentina: contacto@claretiana.org)
El tacto suple a los ojos en los humanos y en ciertos caracoles. Quien no percibe los colores del mundo, solo conoce los recovecos y los paisajes mediante la suavidad de una tela, la rugosidad de las paredes, la dureza de un tronco, el sabor de un beso, la caricia de una cabellera.
Así el color celeste es como una caricia del viento, el color violeta como la suavidad del terciopelo, el rojo como la pasión de un enamorado, el verde como el correr del agua sobre el cuerpo y el color azul es como el abrazo de un amigo.
El blanco se conoce solamente cuando llega el sueño.
El negro se percibe siempre.
(De libro: "Relatos breves para acariciar la tarde". Pedidos a Editorial Claretiana de Buenos Aires, Argentina: contacto@claretiana.org)
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