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Comienza el día. .

Observo. Miro a las alturas y veo pasar el alboroto de jilgueros, diucas, gorriones y chercanes, que desafían el aire con volteretas de circo. Por encima del bosque enano en que me encuentro, vuela la vida.
Vuela y grita. Porque las bandurrias pasan con su corneteo estridente que quiebra la quietud del amanecer, y entonces llegan, desde las penumbras que se alejan, todos los gritos de las aves.
A las cinco en punto de la madrugada canta el primer gallo. Está subido en un madero de la cerca y desde allí divisa con su ojo escrutador la línea tenue que va separando las tinieblas de la luz. Comienza la vida cuando se despierta el mundo al escuchar ese sonido mañanero.
Empiezan las labores. Empiezan los trabajos del obrero y del educador, del oficinista y del policía, del escolar y del comerciante.
Es la hora en que la dueña de casa barre con la escoba proletaria todo aquello que la noche ha acumulado a la entrada de su casa y de su vida.
Otro día. Otra oportunidad. Otras vivencias que se convertirán en memoria en el mismo instante en que nacen.

Es la vida.

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